miércoles, 1 de octubre de 2008

LA IDENTIDAD



Siempre que nos dirigimos a alguien, sea cual fuere la causa que nos moviliza, lo hacemos sabiendo que ese alguien es una persona en particular, con características propias y de ninguna otra, que sirven para diferenciarla y mantenerla como un ente independiente de los demás.
Esto es así porque cada ser humano, desde el momento en que es tomado en cuenta por el Registro Civil correspondiente, pasa a tener algo fundamental en su vida, algo que habrá de necesitar desde ese momento y para todos los acontecimientos que de ahí en más le sucedan, incluida su propia muerte.
Esto es nada menos que la identidad, es decir la conciencia que una persona tiene o debe tener de ella misma, y que es distinta a la que tienen los otros. Se trata, pues, de un pilar más que importante en la esencia de la vida propia de cada uno, es una cualidad del ser para sí y para con los demás. No es otra cosa que la distinción que existe entre un ser humano y sus semejantes, conformando de esta forma un ente idéntico a sí mismo en el tiempo y en el espacio en que vive.
Toda esta definición más o menos completa de la identidad surge con motivo de la enorme cantidad de maltratos y atentados que está sufriendo no sólo últimamente sino también desde hace ya un considerable tiempo. Hoy vivimos en un ambiente en donde hay muchas personas que ya no se distinguen por sus nombres sino por un grupo al que pertenecen. Sucede que ahora, antes de identificarse por lo que dicen sus documentos, muchos son “emos”, “floggers”, “cumbieros”, “rollingas”, etcétera.
Esto es bien sabido que no es nuevo dado que hace décadas existieron (y quizás aún existen) los punks o los hippies o en un sentido mucho más oscuro los skinheads, aunque todos éstos, si bien perdían su identidad esencial, lo hacían escudándose en ideales, ideologías y formas de encauzar la sociedad.
Sin embargo nuestro presente nos encuentra sumidos en estereotipos y muchas veces, los que no los compartimos, parecemos los “raros” o los “marginados”.
¿Por qué y para qué un joven o no tan joven decide vestirse y maquillarse para considerarse emo, sintiéndose triste y que su vida no vale absolutamente nada cuando al mismo tiempo puede conseguir todo lo que quiere y no necesita esforzarse para ello? ¿Por qué otro joven opta por pasar más de medio día frente a una computadora esperando que su gratuito espacio de internet se llene de firmas de visitantes? ¿Por qué motivo hay otro grupo de gente que odia a los anteriormente citados, escuchando una misma música, consumiendo cerveza barata y esforzándose de manera constante por expresarse con un lenguaje cada vez más vulgar y soez?
Quienes optan por seguir esta metodología de vida en sociedad, más de una vez argumentan que lo hacen para oponerse al sistema, para distinguirse, para identificarse… para tener una propia identidad. Pero curiosamente sucede que es ese mismo sistema que ellos tanto critican el que les provee la ropa, los maquillajes, los fijadores de cabello, los grupos de música y los espacios en internet. ¡Quiere decir, pues, que cuanto más en contra del sistema están, más ese sistema se enriquece!
El sistema sería, como consecuencia de esto, una especie de remedio y enfermedad, virus y antivirus, amigo y enemigo.
Sabemos que la vida es un constante espejo, uno no es como es sino como se ve visto por los demás. El problema llega cuando aparece algún oportunista y tapa ese espejo con un manto estableciendo que todos deben ser como ese manto, cualquiera sea el lugar, el tiempo y la situación. De más está decir que ese oportunista capta a las mentes más impetuosas y vulnerables, las cuales no pueden darse cuenta que ese manto está tapando su espejo y siguen allí de pie como si esa fuera su imagen, la única imagen, la imagen que deben seguir y conquistar a costa de lo que sea.
Y entonces ahí están, peinados igual, vestidos igual, maquillados igual, hablando igual, escuchando la misma música, olvidando su entorno y acotando cada vez más su capacidad mental. Llega un momento en el que todos sabemos qué son, pero nadie sabe quiénes son. Porque el “quién”, a ellos ya no les importa. Lo que vale es el objeto, no el sujeto, el sujeto es descartable, pero el objeto no.
Ellos, por su parte, usaron y usan todas sus energías para mimetizarse con una tribu que está de moda, y dejaron atrás sus nombres, sus ideales, sus sueños, su crítica. Lo que lamentablemente ignoran es que tarde o temprano la moda y el estilo que los esclavizó se va a terminar porque ya no va a ser más negocio, entonces quedarán perdidos, desorientados y dando vueltas en sí mismos como un rebaño cuyo pastor murió de repente dejando a sus ovejas ignorantes de la situación. No habrá otra opción que regalar la ropa, lavarse la cara, cambiar los temas guardados en el reproductor, cortarse el cabello y empezar a mimetizarse lo más pronto posible con la nueva tribu que emerja entonces.
A nivel personal debo decir que desconozco cómo se hacen las cosas bien en una sociedad, pero sí sé cómo no se hacen bien, y puedo asegurar que masificar es la mejor vía para acallar las voluntades y las inquietudes personales.
Para ser distinto hay que vivir distinto, no igual. Es justamente al revés.
Ignoro si esto habrá de aportar algo en la cabeza de alguien que lo lea, porque en el fondo ignoro si en verdad habrá alguien que lo lea. Solamente me resta decir que esto es un humilde aporte personal para ayudar a que no terminemos de perder algo tan preciado y fundamental para todos como la identidad.

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